Conversaba hoy con TF, conocido de hace tiempo y adentrado muy activo en la política. Lo conocí, profesor exigente y respetado por el dardo en el debate y los conceptos –hoy, representante del pueblo con su silla en órgano electivo de discusión y gobierno. Me contaba sobre sí mismo –cómo el celo profesoral había ido cediendo a un actuar más pragmático. Donde no tanto le importaría derrotar al adversario en dialéctica, como llevar sibilino por su acequia las pocas aguas que corren. Pero puestos a hablar del debate, se lamentaba del twuitteo universal, la consigna, la flojedad de conceptos. Añorando el recio adversario que otro tiempo le exigiera confrontar razones muy ponderadas, ante público consciente y con certero argumento –no tanto por su escasez en la plaza del debate, mas por la ignorancia pública de su razón y existencia.

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