El interés personal aconseja desengañar cuanto antes cualquier confianza que se tenga en la política. Sobre todo porque ahí está el final inexorable, y –de tardar en hacerlo- pudiera transcurrir un tiempo demasiado para tan corta vida. No quiere esto decir que sea aconsejable abandonar el foro –pero el estar en él requiere una frialdad y unos ojos bien abiertos. Digamos que este axioma –llamémoslo exigencia por mínima que sea- no viene en desdoro señalado de la política hodierna: pues es condición que quienes llegaron a ella adolecieron desde siempre y en todas las edades de males connaturales a quien ejerce lo público. No será cuestión ahora de esbozar el elenco –aunque no esté tan lejano el dicho entre los nuestros de que política es el arte de lo posible. Para esconder en lo ingenioso del dicho, a cuatro chufleteros intercambiando intereses –cocinando el pasteleo.

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