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Seguramente, los trazados de las nuevas autopistas ponen al alcance de la mano y del volante recónditos lugares castellanos –de inesperada belleza, y de escasa noticia sin embargo. Es el caso de Urueña, en la provincia de Valladolid: una villa medieval con unas cien almas –subida en lo alto de su mota y dominando con perspectiva bellísima las planicies ocriverdes de Tierra de Campos. Tiene el lugar una muralla casi, casi, que completa –de los siglos XII y XIII. Con su castillo, esquinado hacia la parte de la loma que se opone a la planicie que a sus plantas la circunda. Puede recorrerse esta muralla por lo alto del adarve –donde las almenas peinan frías unos vientos invernales. Jalonada de torreones cilíndricos –y con torre del homenaje derruida en buena parte en la esquina del castillo. La historia de esta villa es inseparable de su lugar fronterizo entre los reinos de León y de Castilla –con historias y leyendas de nobleza entre sus muros. En el valle, la ermita de la Anunciada –la patrona: edificación de rareza lombarda, reparada varias veces –varios siglos. Modificada con escándalo de algunos –si bien con comprensión a ojos del visitante tras el relato ameno y documentado, amistoso, de la guía de turismo. Y un menú a mediodía, recomendable en extremo, intramuros y en el mesón Los Lagares.

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