Los primeros tanteos ingenuos y adolescentes, aproximación iniciática con el sexo diferente –los tengo por signo no natural de vida civilizada. Hablo del encontrarse repentinos a solas y cara a cara, y también de la penuria de palabras –de la urgencia tan inquieta por encontrar un tema para mantener intercambio de expresiones. Y los ojos entre esquivos y de brillos chispeantes. Como quienes se hallan en la presencia de un idealismo –una comunicación que se resiste y pretende, cuyo éxito final no es lo que entre ellos se comunican o dicen. Antes bien, encontrar un lugar de sosiego y de confort en el estar tan cercanos –donde las palabras no son razón exterior ni un motivo de intercambio, sino –inmediata- la antesala y realidad del insospechado encuentro.

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