No sabría comenzar, sin solemnidad ni con tono noticioso, por decir que ha muerto el profesor José Luis García Rúa. Profesor que fue de quien escribe, en los años de universidad –cuando compartimos una fe muy juvenil en la España que se hacía, en la cultura y en aquella estatura de escritor a que aspirábamos. Yo recuerdo de este profesor su firme convicción tan libertaria –secretario general de la CNT, como era sin fisuras-, y su actitud dialogante y en nada doctrinaria. En esos años, impartió un curso monográfico sobre filosofía antigua –del que me correspondió preparar y exponer una lección sobre el escepticismo griego. Seguramente una experiencia mayor en mi satisfacción de estudiante –recibiendo la atención, y la aprobación también por parte de quien reputábamos maestro. Después, los años pasaron y crearon su distancia con el mundo que vivimos por entonces. Sin embargo, su figura siempre ha conservado para mí una presencia callada. Sin mentarlo ni traerlo a la conciencia, en un estar inmaterial por lo que fue –y que perdura.

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