En asunto de la relación entre países, utópico es pedir que sean acordes con la justicia. Punto menos, aunque también, que sean equitativas de un modo. Pero es cierto que, para aquellos que ejercen preeminencia por el mundo, su dominio universal los vincula en gran medida. Pues no se puede abandonar un orden establecido sin más repercusión y por las buenas. Sin decirlo expresamente, hablo sobre todo de los Estados Unidos –en repliegue sobre sí, a lo que parece- y no menos de Inglaterra. Jugando como el mal ajedrecista -que ignora que cada pieza a tablero está sujeta en un campo inestable de fuerzas.

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