El ayuntamiento puso sólo una orquestina en plaza céntrica, por ambientar pobremente la noche en las horas que siguen a la cena de nochevieja. No menos pobre que la multitud menguada que acudía con las manos enguantadas, refugiada como estaba entre bufandas y exactos gorros de lana. Grupos que bebían y conversaban desganados, a la luz de las farolas. No hubo fe ni sintonía entre músicos y gente –tal si el ambiente aguardara una posesión mayor que la que allí se gustaba. Jóvenes con pajarita, y en americana o traje, circundaban repeinados –por evitar la música consabida y camino de otras fiestas, otros ambientes y caras.

©

Anuncios