El Escorial hace años tuvo un curso de verano volcado sobre el Barroco –su organizador, Francisco Jarauta. El brillante orador y profesor renombrado de la universidad murciana. Un lugar monumental, el Escorial, centro del mundo. Naturaleza feraz, y ponentes de saber acreditado – dotados de palabra suficiente a cautivar a tanto joven que, pletórico, asistía. Eran años, para el país, de abundancia. Y se dejaba sentir en la actividad cultural bajo el fresco de las hojas, con la luz artificial que daba magia a la noche. Como tendiendo el ambiente esa trampa –que no era sino hacernos sentir que el entorno fuera escena suficiente a producir la emoción de instantes irrepetibles. Sin percibir que nosotros, en conjunto –nuestros ojos chispeantes, ávido nuestro pecho de colmarse de juventud y alegría- éramos el don no sabido de la magia que por allá deambulaba. En visita posterior, a solas y a mediodía –un secarral bajo el sol el solar que albergaba por la noche, aquel verano, el idealismo y la fiesta.

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