Tengo que decir que la experiencia de las cosas es madre de las dichas todas. No el diletantismo que las liba de una en otra, mas la experiencia acendrada –deteniéndose en la complejidad que cada asunto comporta, en su razón, en su secreto y su hondura. Lo que siempre tiene su exigencia de humildad para quien emprende su camino. Por mi parte, cuento en mis días con los gozos de aguardar y desear con saber y con paciencia –a que las cosas se muestren. También he visto quienes tratan los asuntos, los que hablan de las cosas, tal si su verdad fuera ariete suficiente a violentar las murallas con que la necesidad de conocer las defiende -o las protege. Un error para sí mismos, y para los otros una altanería hiriente.

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