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Poco se habla ya en ambientes académicos sobre el otrora tan mentado Ludwig Feuerbach. Su reducción antropológica del cristianismo –ya se sabe: Dios tal resultado de la esencia alienada que para sí quisieran los hombres. Poco se habla de ello, como también poco de la crítica de Freud al sentimiento religioso, y tantas otras cosas que ocuparon con preeminencia las cátedras en los decenios de los setenta y ochenta. Pero, trayendo a Feuerbach, no puedo evitar ahora la ponderación del carácter absoluto que a la divinidad pertenece en teología con carácter exclusivo –por mostrar que no hay absolutos en la esfera de lo humano. Como una incondicionalidad que haría peligrosas las concretas realidades que tenemos y afirmamos en la vida –con escándalo se dirá que, también, la esfera de los derechos que portara en todo caso y por sí mismo el individuo.

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