Sabemos que política es cualquier cosa, si se mira de algún modo. Pero hay una actividad neta –la que se da en espectáculo, y que pese a ello produce sus importantes efectos. En esa actividad encuentro el reflejo cotidiano de la contradicción que nos desgarra y nos funda –construyendo a través del impulso destructivo que nos mueve sin descanso. Ese impulso irracional y decisorio que nos afirma en el fondo. De ahí, seguramente, el riesgo acrecentado que sufre hoy en día quien se adentra en este mundo de pasión y de intriga, ventaja y emboscada –mecanismo moral que moviliza un camino que se ignora sin temor, o temeroso se busca.

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