Por empezar de algún modo, y tocando madera para que no se nos escacharren los hados a la fecha favorables, por el placer de presenciar la función sin el vomitivo frufrú de palomita y mucosa, o su sonoro rustir –entre ruidos de bolsas plastificadas, y cachumbos de cartón. Por recibir, recíproco, los modales que uno brinda en sociedad –sin verse sometido a la falta del respeto, en su plena aceptación por parte de un microcosmos social.

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Por qué prefiero el teatro / 2

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