Recuerdo a aquel conocido, censurado en las redes por publicación contraria a la pretensión 15/M –movimiento embrionario del partido español podemos. Cuando ante muchas invectivas recibidas, publicó en internet su retractación con agudeza acerada: pido perdón a todos aquellos a los que haya ofendido sin motivo… Quiero pensar, hoy y por la razón que apenas he dicho, que encierra gran necedad el insulto que no nace de un dictado de conveniencia y razón: el insulto gratuito. Una necedad, es claro, para el interés de quien así lo profiere. No digo tanto la expresión de opiniones razonadas –discordantes que ellas fueran, incluso no compartidas. Pero insultar sin más, no es un acto de razón –mas fundado en emociones que, viéndose superiores por razón de coyuntura, sojuzgan y provocan voluntarias. Cómo se perjudica así una posición que se quiera inteligente, se trasluce en las explicaciones de Fernando Trueba –en la tele, y con café de mañana: con intento de hilvanar unas razones de simpleza inverosímil, para querer convencer -donde unas palabras, arrogantes y anteriores, extendieron el fantasma no ahuyentable del descrédito.

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