Los elementales actos nutritivos, y en general biológicos, tiende la sociedad a velarlos. El secreto coital, la defecación en el retrete, los ungüentos y potingues que encauzan la sudoración según la conveniencia, los modales en la mesa –un refinamiento para la actividad más salvaje que a diario realizamos. Para no molestar –o por separarnos decididos de la condición animal, lo que es lo mismo. Pues la civilización, aunque se erige sobre la razón y su comunicación con la mayor franqueza, exige también estas formas de impostura. De ahí que la sinceridad que bajo formas culturales decadentes se pregona como valor preeminente en cualquier contexto dado –es dilución de mil logros a través de los milenios: el primero, la invención fundamental de los modales.

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