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Seguramente, carece ya de vigencia la disputa flamenca de otro tiempo –de cabales, o puristas. Al menos, son multitudinarios los espectáculos eclécticos mezclando tantas cosas. Hoy, Murcia ha conocido y disfrutado uno de ellos: no sólo por la confluencia de palos y de valses –juntamente con músicas muy populares. También por el actuar conjunto –entremezclado- de elementos diferentes muy netamente flamencos: resultado –un espectáculo que no imita, ni persigue las esencias. Como por mostrar que innovar no amenaza a lo cabal de este arte. La instrumentación, por ejemplo, envolviendo a cantaor y guitarra. Los lances del bailaor, que se resuelven a veces en un ballet vigoroso. Tal vez la connaturalidad que preside estas licencias tenga que ver con el hecho de que, para el arte cabal, no se perciba hoy peligro. O también por la ampliación del público y de su gusto –que acoge nuevas propuestas, generando movimiento en el creador y amplitud en el mercado.

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