En el post anterior expuse alguna reflexión sobre las modernas heterodoxias en el mundo del flamenco. Por alumbrar la fecundidad que acarrean –cuando son magistrales y de arte congruente. Cosa que hoy me ha vuelto al pensamiento, rememorando en el inicio de los pasados ochenta el espectáculo Macama Jonda, de José Heredia Maya –el entrañable maestro. Cuando asistí a su estreno –auditorio Manuel de Falla, aledaños de la Alhambra- ya advertí esa heterodoxia por entonces incipiente: separados sobre las tablas, la orquesta andalusí de Tetuán y los músicos flamencos. Como dos mundos familiares y llamados a juntarse. Una fusión decidida de música bereber y de flamenco andaluz –apuesta del maestro, llevando al entrelazarse consonante de músicas que quería emparentadas. Todavía la heterodoxia musical no había recibido el impulso que con que ayer se desplegó –propiciado por el atrevimiento enérgico de la sociedad de hoy, la composición y el concepto de la música actual, y la evolución primitivista de la técnica dancística.

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