El museo de bellas artes es propicio para música de cámara –por su arquitectura palaciega, sus pasillos y salones, sus cuadros, sus redorados. Y también por lo recoleto de sus salas y su ambiente, forzando por su aforo limitado al público en poco número y al lleno de las butacas. En Murcia, no más que ayer, un joven ensemble –de ilusión y voluntad muy notables- que trajo su polifonía renacentista: con obras de dificultad y mucha ascesis de estudios, perseverancia y ensayos. Y el público lo premiaba, con gratitud de su aplauso. La alegría chispeante de los músicos, concluida la velada, era promesa de sí: un futuro que tan fuerte se desea, que reclama su tributo de esfuerzo y dedicación –y nunca se garantiza. Para aprender que el futuro, en estos lances, es el presente sin más –aquella fulguración que recibe de nosotros.

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