En la biografía de muchos, hay un estado de gracia que acompañó las andanzas y trabajos que se tuvo en juventud. Un tiempo benevolente donde generaciones mayores nos aúpan, nos comprenden y conllevan –abriendo un espacio de acogimiento en su medio sociológico y profesional. Otra cosa es cuando se deja de ser una promesa joven, y se nos empieza a exigir cuentas rigurosas –juzgados por resultados, una vez que llegó la madurez. Y entonces se comprende –por algunos, cuando menos- la importancia de la actitud adoptada ante aquella facilidad: si se vivió con gratitud y conciencia, o engreídos y con gesto suficiente. Como un preanuncio –revelador para todos- de lo que habría de venir.

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