Me llega por internet un escrito: algo sobre el tiempo sagrado, autor –la Redacción de un diario cibernético. Y el enlace me lo envía IMG, que es amigo. Tras leerlo, recuerdo alguna lectura de teología y juventud: la fenomenología de la religión –que escribió Martín Velasco. Lo vengo a recordar por el afán impreciso de ese texto en separar el tiempo que transcurre en superficie, sin hacerse percibir –las rutinas que seguimos, por ejemplo, cada día-, del otro que tiene profundidad por sí mismo: el tiempo de los ritos, los misterios, las campanas que rozan y convocan a otro lugar nuestras horas seculares… Y yo creo, a partir de esos mismos presupuestos, que una lectura fenomenológica tan sólo resulta atrayente a una mirada que se centra en procurar aquiescencia en los lectores –hurtando la solidez del concepto: pues ese tiempo sagrado puede serlo no de la religión tan sólo, más también el del amor, de la emoción o del arte. Como si el describir así viniera a definir, escueto y sin más allá, el sentir que produce lo real en quien lo mira. Un último giro, tal vez, por el que la religión pretendió hacerse aceptar por el hombre secular y siglo XX –acomodado que es, y egocéntrico en gran modo.

©

Anuncios