La música de órgano goza de un momento dulce, estoy por decir que a lo largo de buena parte de España. Y no es pequeña cosa pues momento hubo, y no tan lejos, en que desapareció por completo del solar patrio: sin músicos –no digo de prez, mas de dedicación y afino-, sin público que amara aquellos sones. Incluso, y cuántos ayes, olvidados soberbios instrumentos que se desguazaban o morían en conventos y en iglesias –en medio de una casposa humedad, y un insípido abandono. Pero alegra comprobar que hoy el público regresa al milagro de los tubos, de los registros y el aire –de la múltiple asonancia donde la mano gobierna tanto amor, e instrumento tan variado. Como ha tiempo que regresó la recuperación de instrumentos que arrinconaba una decadente historia. Y el incrementarse los maestros en conservatorios, en los ciclos de conciertos, en anales que la musicología –Enrique Mäximo, para ti sea un recuerdo- cotidianamente escribe. Entre luz que tanto crece, el II Ciclo Internacional de Conciertos de Órgano, en 2016 y en el instrumento Merklin de la Catedral de Murcia. También la alegría de leer que la Arciprestal de San Martín –en Callosa de Segura- contará con un Merklin de otro siglo –que se ha de traer de Bélgica.

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