Esta gangarilla, que han formado Íñigo Echevarría, Daniel Rovalher, Miguel Magdalena, Juan Cañas, Álvaro Tato… ha hecho las delicias de un teatro abarrotado. Sin duda por lo desenvuelto, la maestría, lo afinado de la música y la voz de los actores… por sus gags, su interacción con el público, sus sinergias incesantes. Pero también con el vestuario, con la luz y la tramoya. Todo ello al unísono, tal corresponde a un montaje verdadero -con sensación de unidad, tan poderosa, como al trabajo bien hecho corresponde y se le exige. La muestra, no es la aprobación del público tan sólo: también el disfrutar que evidencian los actores. Y Cervantes, en el fondo: con el sin escribir que jalona cada una de sus líneas –como una verdad que conoce, mas el autor no dice porque no puede decirla. Que conoce sin pronunciarla, y tampoco sin saberla. Un secreto cervantino hoy trasladado al teatro: con humor y sin verdad que atronara al pensamiento. Insinuación de que algo, por Cervantes, nos espera.

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