La vida se reduce a pocos mimbres. Quien lo vivió lo sabe –no lo dijo así JLM hace un tiempo, ni usaría tampoco estas palabras. Pero algo comentó que me condujo a ellas. Pues él era hombre confiado en que lo cotidiano es lo más universal que tenemos –si se lo despoja de la anécdota, que decía Espinosa, el gran murciano. Y por ello, afirmaba que en cualquier lugar donde su cuerpo y su alma se encontraran convivía consigo y con las mismas cosas. Salvo el decorado mudable que las enmarca, que trae la novedad y divierte al pensamiento y los sentidos. O sin moverse de un lugar, lo cambiante de los usos y las modas –la sensibilidad y el gusto que transforma la epidermis de las cosas. Y nos muda en ocasiones, sin embargo y más allá de lo que en el fondo de nosotros confiamos -y que somos.

©

Anuncios