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Un endecasílabo que abre el primer terceto en poema de uno de los grandes sonetistas españoles, siglo XX. Gutiérrez Padial, sus apellidos. Juan es su nombre. Y ese verso aquí con amor de raso inmaculado, y de encaje limpísimo y puntilla. Tan lorquiano en su evocación pero de vigor varonil y repentino, que Lorca entre sus versos no impulsaba. Como vigoroso es el golpe de belleza por el que ingresa la tormenta repentina en el transcurso de una lluvia fugitiva –para recorrer la parvedad inicial de la llovizna, con su aroma melancólico in crescendo… hasta el súbito romperse de los cielos y las nubes… Todo en los versos catorce que la acogen con justeza, que con ritmo y con poesía la permiten y sujetan.

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