Los fuegos artificiales en la oscuridad altísima –siendo niño, y compañía ras de tierra de su abuela o de sus padres. Como el atardecer encendido y amarillo tendiendo por el horizonte esa señal melancólica, mientras regresaba de un viaje prolongado en vehículo y en asiento lateral de acompañante… ante la grandiosa mostración de un signo de lo inmenso –el universo-, ambas tristezas evidenciaban la finitud de los seres que quería –en su niñez aterida, su insinuada congoja.

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