Pensé que la carretera es lugar privilegiado donde se ven indiciarias las fealdades más frecuentes del carácter. La irascibilidad, desconsideración, temeridad o egoísmo. Lo que no es espectáculo que agrade –sobre todo porque el observador es parte sufriente de la escena. No digo que no igualmente parte actora en ocasiones. Seguramente por ser lugar público y donde concurren intereses susceptibles de resolver por el empleo de un impulso amoral, o una fuerza. Lo que en ese instante no pensaba es que se ampliaría tan veloz el número de contextos semejantes –el supermercado de barrio urbano, el paseo, incluso los lugares de la fiesta sobre todo si algo se ofrece dado. Y más que nada internet. Lugares en los que, errados, muchos se creen –por anónimos- impunes. También hay situaciones en las que un acaloramiento relaja el superyó del decoro: las tertulias de la tele por ejemplo –y no hablo de tele del corazón tan sólo, mas también de tertulianos que se irritan en debates de partidos. Que sobreactúan tal si hubiera convicción, con olvido de aquel tópico que por ellos sobrevive.

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