Lo malo de una sociedad, se produce cuando destacan y hasta sobran los inútiles. Con esa aptitud de cooptar que la pereza y la masa les conceden. Es entonces cuando la razón se obtura con falacias y consignas, cuando la opinión común se entontece o se anega en estulticia –se corrompe la representación, y la democracia enferma. La dictadura peor, me decía un compañero: la que priva de razón al intercambio entre iguales, la que deniega el discurso como luz de la palabra –la que usurpa su lugar, en el foro y en lo público, al respeto inteligente.

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