Verás, lector sin libros tantos años, que el ocio de las horas cuando el trabajo te ocupa tu corazón y la mente… ese ocio sin libros –sin ausencia de lectura, por su olvido- empequeñece tu mundo en las paredes desconchadas y estrechas de las cosas ya sabidas. Sin que brille la transgresión que acecha más allá del pensamiento –estéril, infecundo a fuerza de no pulsar su límite: imaginación y ambiente que se envuelve en su polvo, o se encierra sin ventanas en su anhelo.

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