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Quien hace propósito de visitar el palacio ducal de Gandía, no deje de hacer alto reposado en la ciudad de Játiva. O también del otro modo: no deje de ir a Gandía quien visitó las delicias de Jätiva y de su historia. Las leyendas y las gestas de los Borja –familia que dio tanta historia a la historia, y tanto hablar a las letras. La ciudad setabense, tal vez fue acierto visitarla de mañana, al comenzar la excursión de la jornada: por lo grato del paseo, en la planicie que se extiende a los pies de su imponente castillo. Fachada: como ninguna, la renacentista del hospital frente a la colegiata totalmente remozada. Museos –no diré el de los Borja tan sólo: también el de bellas artes, en la muy hermosa casa de la enseñanza. Buenas pinturas, y grabados de planchas que son de Goya. Por la tarde, el palacio de Gandía –sobre todo los salones más antiguos: lejos del oropel rococó y materiales baratos de las salas al final de la visita. Comer… en el bar Telero de Gandía: no perder la delicada y sabrosa fideuá, o dejarse llevar del sugerir atento y desenfadado que prodiga el mesonero. Al final y de regreso, para quien ame las piedras, las alturas y sus vistas, la emoción de los lugares… -el castillo, en Játiva nuevamente: elocuente y en ruinas.

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