En los inicios de este Blog traje aquello de que lo peor de los ismos, es el proselitismo. Y hoy me ratifico en ello, después de ver en la pantalla de la tele un señuelo de entrevista: joven pareja, con dos niños pequeños –a la mesa, mientras comen: veganos que son, y muestran interés en convencer de lo superior en lo moral de su criterio. La normalidad como argumento: nada en esa dieta altera lo que es corriente, antes bien lo garantiza y refuerza. Y no diré que no me parezca bien que alguien así lo vea, y que para sí lo asuma. Lo peor, como dije en los inicios, es el ismo. La mujer, por concluir la homilía, agravando el gesto para ser más convincente o más rotunda: si yo no supiera que a mis niños no les causa ningún mal, no los sometería a esta dieta. Tal quien jura su convicción por la salud o la vida de sus hijos amadísimos.

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