Una dejación de la conciencia ciudadana, arrastrada por decenios, encumbró la vacuidad como argumento –arruinó el vigor que tenía en su día esa conciencia en nuestra España. Y en ese dejarse ir, hay responsabilidad moral en la sociedad que lo consiente. Llegados hasta el punto en que el debate es mohín, argumentario y consigna –con ficción de una superioridad que no ganó con esfuerzo ni coherencia quien la exhibe, que ningún merecimiento la sostiene en su estatura.

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