No hay más que contar, una vez las vacaciones concluyeron –sino esa placidez desocupada, a cuyo reclamo el tiempo que transcurre no enlentece: se sosiega. Y más en la ciudad ocasional o visitada, donde quienes laboran todavía –en supermercados, bares, monumentos…, acompasan esa sensación del visitante con su actividad diligente y uniforme, sin presura: y no sólo en la impresión de aquel que viaja -mas tal necesidad o razón que en la entraña de las cosas, y al ritmo del vivir, se desvelara.

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