La vida, Pepe Heredia lo escribía, es tan sólo el transcurso de una vida baleada por los años que cumplimos. Como un arrastrar de escenarios diferentes que nos ponen en circunstancias cambiantes –que sin prevenirlo obligan a replantearnos el terreno de batalla, o a reinventarse en ocasiones e incluso. En un ascender y un declive de las fuerzas –mostrando en los arrabales de los tiempos concedidos, que la soledad amenaza sobre todo por la falta de vigor y lucidez: la precisión de los otros, la temida dependencia.

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