Ayer comentaba con FBL acerca de la libertad con que algunos próceres de las letras se conducen –Fernando Arrabal, le propuse como ejemplo. Tomando inicio la conversación en algún arrabalesco de los que el escritor publicaba en prensa hace tiempo: los duelos con Kant son menos, o lo peor del matrimonio es la convivencia, o también ¿Unamuno? Una mona –de la generación del noventa y chocho. Por comenzar con la libertad del ingenio. Lo recuerdo también en televisión, en programa que simulaba una vista judicial –dirigiéndose a quien oficiaba de fiscal con semejante vocativo: usted, que representa la quintaesencia del fascismo… Con la cara que pueden imaginar le quedó al susodicho figurante. Un proceder ordinario también, donde la provocación parece que le nace tal condición espontanea. Sin que precise mostrar interés en provocar: sin forzar la mostración ante aquellos que lo miran. Mi interlocutor observó que una libertad semejante se puede reconocer en Arturo Pérez Reverte. Aunque, repuse, veo en él mayor gesticulación –tal quien hiciera de su propia independencia un oficio o rol social, no digo yo que una pose.

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