Hay algunas cuyo éxito tiene que ver con la expectativa de quien mira: el espectador que de antemano conoce que va a ver una película de miedo. Tal preludio emocional abriendo una expectación, casi excavando un vacío: un temor que los miedos colmarán, las imágenes, la música… Mas vacío e inicial, como una angustia que crece –se conforma poco a poco, y se concreta. Una aptitud de sufrir, que el espectador consiente. Otras, en el juego de ocultar y desvelar fuerzan el escenario imprevisto –rompiendo la ilación de la razón, y repugnando al sentido.

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