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El meritísimo Dietmar Roth, alma que es en los conciertos anuales de música renacentista y barroca –en Vélez Blanco-, la otra noche lo dijo en el exordio de un concierto: que no es ínfima cosa haber puesto en el mapa nacional de festivales de música esta localidad pequeña en número de almas –magnífica en su historia y en belleza. Y es cierto que así es, y así lo veo –a lo largo de sus ya quince ediciones. Y para mejor mostrarlo, el martes 26 el propio Dietmar nos regaló un concierto: sufragado sensu stricto con su ademán siempre espléndido. Fueron, de consuno, el Coro Tomás Luis de Victoria y el Íliber ensemble. A destacar sobre todo el afino y la sustancia del elemento vocal: como un solo hombre –qué digo: un ángel varonil en varias voces -antífonas gregorianas de Sebastián Durón, siglo de oro. También las consonancias impecables de soprano, de contralto y de tenor. Y estremecedores solos pronunciados por el bajo. El público, embelesado. Todo ello, en la iglesia del convento de San Luis –ese templo edificado con recato y con pobreza de franciscos mendicantes. Esta noche, en el patio del castillo, el conjunto barroco Forma Antiqua: destacó, por su escuela y su maestría la voz de Carlos Mena –contratenor ungiendo de melodía la oscuridad de la noche. También, la soprano –una tiorba, clavicordio y violonchelo. Con la sagacidad de reservar para el bis la pieza más melodiosa, original y sorprendente de las que vio la velada. El miércoles visitaron el castillo las músicas de Jordi Savall –un maestro medieval, renacentista: el concierto, bastará con decir que docto e interesante.

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