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La guerra civil trajo ocupación y destrozo en este templo aragonés –tan medieval, tan hispano. Sucedió como en tantas ocasiones sucediera, con destrucción de archivos que databan de momentos antiquísimos –la erección de este templo fue de los siglos templarios. Así lo relataba una vecina de Bordón, la comarca del Maestrazgo. Diré que este templo fue un encuentro inesperado. En el camino que conduce de Molinos –Grutas de Cristal, para más señas- hacia la muy cuidada Mirambel, esa joya amurallada. Fue un hallazgo la iglesia que digo, datando del siglo XIII –bajo advocación de la Virgen de la Carrasca. Un arco de medio punto en el muro circundante da el acceso a la ciudad. Y una niña en bicicleta que nos saluda circunstancial y al instante –con un hola que le sale de este modo, con su muestra de franqueza. Aprovecho para preguntar por el camino menos empinado hacia la iglesia. -¿Para verla por fuera o por dentro? –Por dentro, si es posible. Al poco y avisada de este modo, aparece la vecina con explicación documentada: pero sepan que reconstruida a partir de hojas parroquiales de muy variados tiempos, pues los documentos ya no están desde la última contienda. Un repaso por la historia: desde el Temple, hasta el siglo XVIII y hasta hoy. El templo de hechura gótica, de arcos fajones muy góticos y apuntados. Una nave. Policromía dieciochesca en las paredes, en las bóvedas, en los arcos –que se mantiene intacta. Pregunto cómo lo logran: –nada hacemos, la iglesia se mantiene ella sola. En el lateral derecho, una capilla gótica –presumiblemente con material de derribo de la original ermita: un pantocrátor que en lugar de la mandorla ocupa el interior de una estrella de ocho puntas, lobuladas y apuntadas. Nos pregunta esta vecina cómo supimos del templo: -un azar de quien camina, y un hallazgo en los senderos del arte.

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