El cine comercial americano –las películas de polis para pequeña pantalla- está lleno de tipos enchaquetados y duros. De mujeres también duras, que pegan como hombres –si bien con roles con frecuencia subalternos. Seguramente, sin haberse despojado en el fondo del ideal pistolero de los magistrales westerns. Aunque desprovisto de la limpidez ingenua del decorado y la técnica, la simpleza original del actor y el argumento. Cara a un público actual que precisa mayor sofisticación para reconocer a su consabido héroe.

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