El narcisismo de una formación política es inversamente proporcional a la solvencia de la posición que representa. Y si no, vean el baile que llevó a repetir los comicios tras negociaciones larguísimas –sin fe, ni generosidad, ni inteligencia. Ese baile que amenaza nuevamente –caliente todavía el resultado que los votos de ayer configuraron. Tal si la negociación obedeciera al principio de placer –mirándose con complacencia moral en el azogue de su espejo. Yo sostengo, como adulto, el principio de realidad como cualidad preeminente en la política. Con su negociación –actitud democrática de naturaleza superior en la moralidad pública. A partir de actuaciones que produzcan un bien general en el acuerdo común y dialogado –y con jerarquía de valores en función de lo concreto de ese bien que se pretende.

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