En la vida de un hombre generoso, hay tiempo de recoger lo que quizás en su día no supiera que sembraba. El tiempo de recapitular sobre la vida de uno –rendición ante sus ojos, que propician los demás a partir de la experiencia que con uno mantuvieron. Un tiempo de la alegría, sin precisar de regusto ni tampoco de nostalgia. Como tiempo hubo también de entregarse a tantas cosas sin saber cuánto entregaba. Y así la vida fue yendo –me decía el viejo aquel- como cosa pasajera, que se iba y que llegaba -sin cálculo ni medida.

©

Anuncios