Una posición freudiana en relación con la figura del padre: la ambivalencia que ofrece entre su efecto protector sobre el infante, y su mirar justiciero –esa modulación de la voluntad del más fuerte, que lo lleva a establecer y forzar lo que es justo para todos. Seguramente –con Freud- lo que la inseguridad humana sublimó en la figura de Dios, el padre benevolente. Como lo siente aquel viejo cuando, faltándole para siempre el vigor y hasta las fuerzas, da en creer en plenitud y pervivencia más allá de su evidencia inmediata. Hoy, lo veía en dos instantes distintos y en personas diferentes: el octogenario desahuciado que mendiga el brazo de algún joven que se quede junto a él, y vigoroso lo aguante. También el jubilado reciente, con limitación que anticipa su secuencia impeditiva –y en soledad: lo que teme sobre todo. He recordado el principio aquel freudiano, portando verdad a medias –un describir sin recurso a su valor: el sustento de un creer y lo que importa el mantener la esperanza.

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