Como se sabe, el endecasílabo que da título a esta entrada es verso de Garcilaso. Por lo demás, también fue título de un librillo de María Ángeles Mora que allá por los ochenta publicó la editorial Genil –de la Diputación de Granada. Yo asistí a la presentación de este poemario en el Aula de Poesía, palacio de la Madraza, de la mano de Álvaro Salvador y Javier Egea. Un verso, por lo demás, que siempre me ha traído el aire más auténtico de la poesía renacentista española. Un aire de lealtad con el lector, y con la vida, y consigo mismamente –como quien camina confiado, el pecho en su plenitud de aire limpio, y sin temor en la frente ni tampoco en la mirada. Con el quiebro posterior: vine a caer en tanta desventura… Esa ingenuidad ante la fortuna varia, como tropezando –tal si fuera un casual- en la piedra sempiterna donde tropieza la vida: lo inseguro y transitorio. Lo fugaz, que nos gobierna, o lo mudable.

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