Una obviedad, en política, es que el pueblo se equivoca. También, que el error acarrea consecuencias a partir del medio plazo. Sus fuentes… podría cualquiera establecer la conjetura. Pero, socráticos, pensamos que el error tiene origen en medida en la responsabilidad del sujeto que lo acoge –que no existe ignorancia que del todo sea inocente. Una ofuscación naciendo de un apetito del alma –resentimiento, apetito excluyente, egoísmo prima facie, pereza o aspiración desmedida. Junto a ello, el olfato que –tal virtud, e instintivo- discrimina lo creíble o no creíble de un discurso. Cualidad olfativa que en España se demuestra en ocasiones –aunque huyendo de una Escila, para recaer después en el error de otra temible Caribdis.

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