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Algún lector de los que siguen el Blog, sabrá que hay en Murcia un lugar que desde antiguo lo llaman las cuatro esquinas. Allá donde las calles Trapería y Platería se cruzan separando los caminos que conducen de las claras a la catedral, de San Lorenzo a Santa Catalina –la plaza, como también las iglesias. En ese punto -crucial en su literal sentido- es tradición que los huertanos se veían para los tratos –esos que se hacían de palabra, sin mediar más formalidad que el apretón de las manos y los testigos presentes. Allí, se cuenta que –en lengua murciana, que existe y que se habló, y residual se habla- dos huertanos trataban de este modo: –compare, ¿me mercas las crillas? –para el profano, ¿me compras las patatas?-, y el compadre que responde: –te lo vi a icir con las palabras del córan: te vi a mercar un capullo. Por el asunto, lo traigo, de algún candidato en la pantalla de la tele para los fastos preelectorales que se ciernen o amenazan, y ya llegan.

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