Cuando un lector empedernido y culto se separa de los libros, en la edad donde florece la juventud más madura –una orientación se gesta, como rompe una crisálida. Y después, hay un confluir de inexpertas tentativas –como palpando una nueva libertad y un aire desconocido. Hasta otra madurez que propiciaron los bienamados libros –retirándose, acercándose, con su vivo o animado sedimento.

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