Eso decimos tantas veces –cuando el tiempo está ahí, inasible para todos. Como quiera que esta magnitud se entienda: un vacío –por ejemplo- que precede a cuanto hacemos y que nuestros actos colman. O esa duración que alargamos o acortamos, subjetivos, en función de las vivencias. O la condición que, a priori y en nosotros, da estructura matemática a toda nuestra experiencia… Y decimos tener tiempo: sin saber si se pretende tener menos ocupaciones –pero cómo, si no hay tiempo concebible sin que en él alguna acción nos ocupe. O pretender un tiempo objetivo, manejable. O quizás la aptitud de modular las vivencias que dilatan o que estrechan nuestros tiempos. O quizás cuando así hablamos demandemos, sin decirlo, sobre todo libertad –para determinar qué hacemos con nuestro tiempo.

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