Es signo de un final, cuando ya no van quedando tareas –ni propósitos, ni causas. Cuando lo que uno puede hacer en los contornos del mundo ya se acaba. Desplazado que se ve por generaciones que empujan desde años juveniles, por cansancio o descreimiento, aunque sobre todo por conocer demasiado el alcance de sus fuerzas. Lo decía un canónigo que conocía varias vidas diferentes a lo largo de sus años –concluida que tenía ya su obra literaria, desde ya amenazada por el polvo de los años, e invocando más futuro pese a todo.

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