La excesiva exposición a las palabras, tiene efecto de producir un desgaste. Físico también –pues la milagrosa articulación de lexemas y morfemas degenera en runrún acosando intermitente la membrana de los tímpanos. Pero un desgastarnos sobre todo en la aptitud de escuchar, de convivir, de asombrarnos. Sucede así con los medios –donde el plasma sobreactúa en el uso del lenguaje: y sin que pueda la hipérbole extenderse en progresión infinita. Sucedió con la poesía y sus metáforas gastadas con el uso, o con adjetivación que finaliza empachando. Como también acontece en el orbe del valor: devaluando la moneda que permite ponderar y compartir –nuestras palabras.

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