Nacieron los parlamentos para ser lugar donde se respeta y habla. No lugar de granjería en lo ideológico –para imponer una opción o un dislate por fuerza de la aritmética. Pena que a esas cosas se las llame democracia. Como hoy, el presidente de Cataluña al decir que –no habiendo ya muertes por terrorismo- se recibe y se habla dando un estrado a cualquiera. Salvo que lo perpetrado durante lustros y lustros lo repute el presidente tal daño colateral en un conflicto legítimo. Diga si no, por saber de su persona, si recibiría y prodigaría trato a cualquier genocida –con tal de que viera concluida, o inconveniente al instante, su detestable faena.

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