Un conservador siempre se para a pensar lo que habrá tras el paso que da al frente. Pues no es mentalidad lo suyo, sino un modo de encararse con su vida y con el mundo –con la decisión inevitable que nos pone ante el tablero a cada paso. Porque hay quienes ven la opción de moverse con referencia a lo que sus ideas construyen o censuran: idealismo que subyuga por una negación de lo que nos da el presente. Pero desde ese lugar el conservador no mueve un pie sin calcular previamente: para comparar lo que vendrá con lo que por ese andar se pierde. Un dejo calculador sobre todo en materia de política, de sociedad o negocio. Por no confundir con el submundo especulador, ni con lo retráctil de una actitud amedrentada y oscura.

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