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Emilio Gutiérrez Caba es actor como la copa de un pino. Eso cualquiera lo sabe. Y esta noche en el Teatro Circo ha brillado con una luz tan propia, que sólo él la tiene. No improviso si entiendo que la cualidad de un actor soberano es pisar el escenario como quien no actuara –con la seriedad de quien recibe como anfitrión en la casa: la naturalidad del señor, la generosidad que a veces les corresponde a los dueños. La obra tiene instantes muy buenos, como abundan otros más corrientes –por ejemplo, el tópico de afirmar que el gobernar las mujeres traería más paz de por sí. Como superioridad dimanante de su superior nobleza. O la traslación de tópicos actuales y anodinos a momentos imponentes de la historia. Lo mejor, los actores actuando –y cómo la obra lo reclama y lo fomenta. Y Ángela Molina –que actúa como baila, que declama cantando, y es Cleopatra.

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